¿Por qué la tensión internacional no está afectando a las bolsas?

Redacción Mapfre
Donald Trump ha pegado una patada al tablero de la política internacional, pero los mercados no parecen estar resintiéndose por el momento. La acción militar en Venezuela que terminó con Nicolás Maduro encarcelado en Nueva York, y sobre todo las amenazas para hacerse con el control de Groenlandia, un país miembro de la UE y la OTAN, que suponen una ruptura con muchos de los presupuestos que se daban por sentados en el orden global, discurren por un camino muy distinto al de unas bolsas que siguen en buena medida en máximos y con la tendencia al alza de los últimos dos años.
La principal explicación a esta disociación se encuentra en la realidad económica y de las empresas: los riesgos que plantea esta mayor conflictividad global son enormes, pero por ahora las cifras macroeconómicas siguen estables y los resultados de las compañías se mantienen muy sólidos, batiendo incluso las expectativas. Y, mientras la capacidad de las empresas para sostener esos beneficios, y de los países para afrontar sus deudas, no se vea comprometida, renta variable y renta fija están manteniendo sus actuales niveles.
“Los aspectos geopolíticos no han encontrado un canal o puente de transmisión hacia las economías o empresas”, resume Ismael García Puente, director adjunto de Estrategia de Inversión de MAPFRE AM, que compara la situación con otros momentos históricos, en los que eventos de esta índole provocaban una rápida reacción del mercado cuando afectaban al precio del petróleo, con su posterior efecto en cascada: mayores costes energéticos, caída de la actividad empresarial, menor crecimiento, crisis de deuda… Esa primera pieza del efecto dominó todavía no ha caído.
La macro resiste al ruido de fondo
En el aspecto macroeconómico, “pese a los titulares y noticias, el escenario de fondo no ha cambiado”, cuenta Ismael García. Para 2026, se espera continuidad con el ciclo económico de los dos últimos años, con un crecimiento mundial acercándose a su potencial, sobre el 3%. En esa línea, Mapfre Economics, el servicio de estudios de Mapfre, prevé un crecimiento del 3% este ejercicio, y apunta a que la inflación, a falta de shocks que provoquen un punto de inflexión, está moderándose.
Esta dinámica está apoyada por los programas de estímulo fiscal en Europa, EEUU y China, que han contribuido al vigor del ciclo actual y previsiblemente seguirán empujando la economía global. El riesgo, por este lado, es el de “sobrecalentar” la economía, especialmente en Estados Unidos por las medidas de cara a las elecciones de media legislatura.
Además, y pese a los daños colaterales de esta política, los conflictos geopolíticos como los que estamos viendo podrían suponer un mayor gasto público en defensa, con el consecuente aumento del PIB, pese a que, como puntualiza Ismael García, este sector tiene un menor efecto multiplicador en la economía.
Otro factor que apuntala la relativa tranquilidad son los bancos centrales. El mercado confía en que, ante posibles picos de volatilidad, los bancos centrales acudan al rescate, mitigando así el daño.
Barajando escenarios
La aparente calma se debe a que los inversores consideran que no se van a materializar los peores escenarios. En el caso concreto de Groenlandia, además de la amenaza de anexión, Estados Unidos llegó con aranceles hacia los ocho países que se han opuesto a sus intenciones de hacerse con la isla, a la que han enviado un número reducido de tropas. Estos aranceles supondrían un lastre al crecimiento de la eurozona.
Como explica Ismael García, el consenso de mercado espera que los planes expansionistas de Donald Trump sean una nueva maniobra de presión hacia Europa, con el fin de obtener más presencia militar en Groenlandia y acceso a sus recursos naturales, y que los aranceles anunciados para febrero se pospusieran, como finalmente parece que ocurrirá, al igual que con los del Liberation Day de abril del pasado año. Los analistas tampoco cuentan con una respuesta fuerte por parte de Europa.
No obstante, si finalmente estos pronósticos no se cumpliesen y la tensión escalase a un mayor enfrentamiento, los números rojos podrían llegar rápidamente a las bolsas, que en estas circunstancias tienden a sobreactuar las primeras reacciones. Por ello, lo mejor en estos casos es mantener la calma y consultar con un asesor experto; en general, precipitarse a vender inversiones en un momento de caídas abruptas no suele ser una buena idea, y puede golpear la rentabilidad de una cartera durante mucho tiempo.
La convulsión sí ha llegado a algunos activos
La tensión internacional contrasta con la tendencia aún positiva de las bolsas, aunque estas no han sido del todo ajenas al difícil contexto. Por ejemplo, desde los anuncios de guerra comercial del año pasado se han registrado movimientos a la baja de la deuda estadounidense, que reflejaron incluso dudas acerca de su papel y el del propio dólar en la economía global, si bien las caídas se moderaron mucho cuando la situación logró encauzarse. Pero lo cierto es que los tipos de interés en Estados Unidos están subiendo, con una pendiente cada vez mayor (el sobrecoste exigido a los plazos más largos), algo que pone de manifiesto la incertidumbre del futuro norteamericano.
El oro ha vivió un boom en 2025, tras dispararse su precio un 65% en el año hasta los más de 4.300 dólares por onza, un repunte que ha continuado en enero. Ismael García atribuye esta subida a que los inversores acuden al oro como valor refugio frente a la pérdida de valor del dólar, la preocupación pro los déficits fiscales y la decisión de los bancos centrales de diversificar sus reservas, y limitar así su dependencia de la divisa estadounidense.
Un reciente ejemplo de la interconexión de los mercados globales y el riesgo geopolítico ha sido el reciente movimiento al alza de los tipos de interés en Japón, después de que la primera ministra convocase elecciones y anunciase una rebaja del IVA de los alimentos, lo que ha reactivado las dudas por la sostenibilidad de su deuda. El efecto contagio ha llegado hasta los mercados americanos y europeos de deuda, y ha pesado también en la cotización de la renta variable y el dólar.


