¿Qué hacer cuando un conflicto geopolítico dispara la volatilidad de los mercados?

Redacción Mapfre
La reciente crisis en Oriente Medio ha devuelto a los mercados la antigua receta de nervios e incertidumbre habitual ante conflictos de este estilo. Caídas en los principales índices, subidas en precios de materias primas (especialmente energía) y una búsqueda acelerada de activos refugio.
Cuando surgen estos episodios, los mercados tienden a incorporar rápidamente la información disponible, aunque ésta suele ser limitada y, en muchos casos, incompleta. El resultado es un aumento significativo de la volatilidad, en el que las expectativas de inflación, los movimientos de los bancos centrales y los riesgos para el suministro energético pasan a ocupar el centro del debate financiero.
Como es de sobra conocido este tipo de conflictos son recurrentes y cada cierto tiempo vuelven a sacudir los mercados, es por eso que los inversores deben de tener claro una serie de hechos antes de enfrentarse al siguiente.
¿Cuál es el principal error que cometen los inversores ante estas situaciones?
Ismael García Puente, director adjunto de Estrategia de Inversión de Mapfre AM, apunta de entrada al factor humano: “el primer error es sobrereaccionar a las noticias”.
En su opinión, la emoción y la prisa suelen llevar a movimientos contrarios al interés del inversor a largo plazo. En los episodios de volatilidad, y más aún en conflictos bélicos, la información disponible al principio es escasa y fragmentada. “Solo conocemos titulares”, matiza García Puente para continuar explicando que resulta muy difícil valorar y posicionar correctamente una cartera en medio de tanta ambigüedad. Intentar predecir qué ocurrirá, cuándo y cuál será el impacto final en cada activo es, según él, “una tarea muy compleja y un ejercicio que ha demostrado dar muy pocos frutos”.
Ante todo esto, sus recomendaciones son sencillas y centradas en la disciplina: mantener la calma, evitar decisiones precipitadas y gestionar las emociones con el apoyo de un asesor financiero. Más allá de las acciones tácticas que cada perfil de inversor pueda contemplar, García Puente subraya que la mejor protección es previa: haber construido con antelación una cartera bien diversificada que permita absorber los sobresaltos.
Oro, USD y bonos actúan (casi) siempre como activo refugio
Al ser preguntado por qué activos actúan como refugio ante este tipo de situaciones, García Puente recuerda la regla histórica: ante tensiones internacionales, los inversores suelen refugiarse en oro, dólar estadounidense y bonos de alta calidad.
No obstante, el episodio actual provocado por la guerra en Oriente Medio muestra matices. Es decir, según explica García Puente, en esta ocasión solo ha cumplido su papel el dólar estadounidense.
“En los mercados de renta fija, un aumento de la inflación está llevando a alzas en los tipos de interés dado que si el precio del petróleo y gas se mantienen tensionados, los Bancos Centrales tendrían menor flexibilidad para recortar los tipos de interés y apoyar el crecimiento”, explica el experto. En otras palabras, la expectativa de un repunte de la inflación ligada al encarecimiento de la energía ha llevado a un aumento de los tipos, dificultando que los bonos ejerzan ese papel defensivo con la misma intensidad que en otras crisis.
Respecto al oro, García Puente cuenta que el hecho de que el oro no esté funcionando como activo refugio se debe probablemente “a una toma de beneficios tras el espectacular rally del último año y medio”.
¿Qué pasará en Oriente Medio?
Sobre si estamos ante una volatilidad puntual o ante un cambio estructural en el ciclo económico, García Puente mantiene una postura prudente y condicionada a la evolución del conflicto.
El consenso, por ahora, estima que podría tratarse de un episodio breve (en torno a tres o cuatro semanas), pero la duración real dependerá de las intenciones de la campaña militar y de factores concretos sobre el terreno. Para determinar si la crisis puede provocar un cambio más profundo hay que vigilar elementos clave: la duración del conflicto, lo qué ocurra en el Estrecho de Ormuz y si se dañan infraestructuras energéticas en Irán u otros países productores de la región.
Solo en el caso de que se produjeran interrupciones persistentes en el suministro energético podrían encenderse mecanismos que afecten de manera más duradera a la inflación, los tipos de interés y el crecimiento económico.
“Es pronto aún y sabemos muy poco como para afirmar con rotundidad si la volatilidad será puntual o supondrá un cambio en el ciclo económico”, afirma García Puente.
De momento, desde Mapfre AM vamos a aumentar nuestra cautela reduciendo los niveles de renta variable y aprovechar los repuntes de tipos de interés para añadir duración de forma selectiva siempre y cuando el conflicto no se recrudezca a altos niveles. En la deuda corporativa de calidad no se ha apreciado un contagio reseñable por lo que seguimos considerando atractivo la rentabilidad de los cupones que ofrece este activo.


