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Diversificación de la cartera para luchar contra el riesgo de concentración

Jun 13, 2024

Redacción Mapfre

Redacción Mapfre

Informe mensual de MAPFRE Gestión Patrimonial

 

En los momentos difíciles, siempre hay alguien que esté dispuesto a echarnos una mano y tras un mes de abril, en el que vimos caídas abultadas tanto en renta variable como renta fija, la ayuda ha venido por parte de los últimos datos macro conocidos. El escenario de “aterrizaje suave” cobró de nuevo fuerza en Estados Unidos debido a una lectura de inflación que por primera vez en varios meses no sorprendió al alza y otros datos de actividad (especialmente en el mercado laboral) que apuntaría a un enfriamiento o ralentización de la economía norteamericana disipando así las dudas de un posible recalentamiento.

En el caso europeo tuvimos el efecto contrario. Los datos apuntarían a una mejora de las condiciones macroeconómicas (aunque si bien venían de muy abajo) y que además no han hecho cambiar de opinión a los miembros del Consejo del Banco Central Europeo (BCE) sobre recortar tipos en la reunión del 6 de junio. Alcanzada casi la primera mitad del año, entramos en un periodo clave en el que la evolución de la inflación y la reacción de los bancos centrales ante la misma marcarán el devenir de los mercados financieros que, a tenor de su reciente comportamiento, parecen estar a la espera de un nuevo giro.

Es difícil salirse del círculo perverso al que los bancos centrales nos han arrastrado al hacer depender sus decisiones de política monetaria de unos datos macroeconómicos, que, en el mejor de los casos, llevan dando lecturas mixtas desde la recuperación de la pandemia. Pero, en cualquier caso, desde un punto de vista estrictamente macroeconómico, no habría motivos para que la Fed y el BCE se embarquen en un ciclo de recortes de tipos permanente. Por un lado, la inflación parece todavía lejos de converger hasta el objetivo del 2% y, por otro, las previsiones de crecimiento para el 2024 apuntarían a una tasa nominal superior incluso a los niveles a los que cotizan los bonos a 10 años a ambos lados del Atlántico. Es la inflación la que debería moverse a la baja y no los tipos de interés de referencia.

 

El BCE mueve ficha

El pasado 6 de junio el BCE decidió rebajar el tipo de interés de facilidad de depósito del 4% al 3,75% casi dos años después de su primer aumento de tipos en más de una década y solamente nueve meses después de su última subida. La decisión fue tomada bajo consenso dado que hasta los miembros con derecho a voto más contrarios a una política monetaria laxa mostraron su apoyo a esta decisión, condicionándola probablemente a que el organismo no fije de antemano un calendario de recortes de tipos sucesivo.

Con esta decisión se une así a otros bancos centrales como Canadá, Suiza o Suecia que ya han recortado tipos este año. Ya hemos comentado que la decisión no parece encuadrarse bajo un escenario macroeconómico que dé pie a ello, sino que su justificación podría encontrarse más ligada a una gestión del riesgo de estabilidad financiera. Con un crecimiento esperado para la Eurozona en 2024 del 0,7% y una inflación del 2,4%, las curvas europeas tendrían mucho recorrido al alza dado que la referencia alemana estaría por debajo del tipo neutral y el resto de bonos tendrían que ajustarse a la prima de riesgo habitual a la que suelen cotizar. Nadie es ajeno a que, con motivo de la pandemia y la lucha contra la inflación después, las cuentas públicas han quedado muy maltrechas y muchos países se encuentran en una situación de elevados déficits y ratios de deuda/PIB. Tanto es así que Standard & Poors rebajó la calificación crediticia de Francia de AA a AA- el pasado 31 de mayo debido a la dificultad del país para rebajar el déficit. Así pues, podríamos encontrar cierta justificación a este movimiento como un recorte preventivo que pueda reducir un riesgo sistémico, pero con la contrapartida de un posible recalentamiento de los precios vía depreciación de la divisa comunitaria.

 

Y la Fed espera

Las actas de la última reunión del Comité Federal del Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) disiparon la preocupación entre los inversores de una posible subida de tipos tras las sorpresas de inflación de los meses anteriores. El presidente del organismo, Jerome Powell, mostró su rechazo a unos tipos más altos aunque insistió en la necesidad de mantener los tipos altos por más tiempo (higher for longer). Esta lectura positiva por parte del mercado acerca de la posible evolución futura de los tipos de interés oficiales unido a la debilidad de algunos datos macro (ISM, ventas minoristas, confianza del consumidor entre otras…) propició una revalorización importante a lo largo de la curva del tesoro americano (el bono a dos años descendió 16 puntos básicos y el diez años lo hizo en 18) y añadió un recorte de tipos esperado para el mes de diciembre.

Se abre así un espacio temporal en el que asistamos probablemente a una divergencia en política monetaria de consecuencias inciertas: por un lado, el BCE podría con su decisión repetir los errores del pasado adelantándose a la Fed en su inicio de recortes de tipos y por otro, el banco central estadounidense podría, con su política monetaria todavía restrictiva, enfriar demasiado la economía. De lo que podemos estar más seguros es de que los tipos de interés raramente volverán a los niveles pre-pandemia lo cual es positivo para los inversores.

 

El riesgo de concentración aumenta

Atendiendo a la evolución de los índices de renta variable, podríamos pensar que el mercado goza de muy buena salud. Sin embargo, la rentabilidad obtenida durante el mes de mayo vuelve a estar reducida o liderada por muy pocas compañías. La razón principal ha vuelto a ser la publicación de resultados por parte Nvidia dado que batió claramente las expectativas de beneficios (+21% con respecto al trimestre anterior), márgenes (+2,4%) e ingresos (+18%). Por si fuera poco, anunció un aumento del dividendo que, aunque sea simbólico debido a la necesidad de la compañía de realizar inversiones en capital, da una idea de la solidez de su estructura financiera. La reacción del mercado fue muy positiva y acabó el mes con una revalorización de más del 40% llevando las ganancias en el acumulado del año a más del 200%.

Al estelar comportamiento de la compañía de semiconductores más avanzados se le unió Apple tras presentar unos resultados mejor de lo esperados en China y anunció el mayor recompra de acciones de la historia (110.000 millones). Así pues, con un peso en el MSCI World del 4,45% para Nvidia y 4,36% para Apple, estas dos compañías por sí solas supusieron casi la mitad del total de rentabilidad del índice, que cuenta con más de 1.600 compañías. No es por tanto de extrañar la frustración de muchos gestores activos que, por no tener estas compañías en cartera o tenerlas infraponderadas, siguen viendo como su rentabilidad relativa empeora, lo que provoca una salida de flujos desde la gestión activa hacia la gestión pasiva (en una suerte de efecto de bola de nieve que a su vez hace subir aún más las acciones con mayor peso en los índices).

A medida que esta reacción en cadena se acentúa y ante la pasividad (¿o podríamos decir complacencia?) de los inversores, se hace cada vez más necesario construir carteras diversificadas que reduzcan este riesgo de concentración y evitar los efectos perniciosos que puede tener sobre el valor de las inversiones si los flujos se vuelven en contra de estas grandes compañías.

 

Conclusiones: El escenario no es negativo

Desde el punto de vista macroeconómico no ha habido grandes cambios a lo largo del último mes. El crecimiento en Estados Unidos se ha enfriado y en Europa ha comenzado a mejorar, pero no lo suficiente como para alterar la política monetaria que nos han telegrafiado los bancos centrales recientemente. La liquidez, tras varias semanas negativas se ha dado la vuelta en mayo y sigue ayudando a que las condiciones financieras sean laxas. Por su parte, la inflación no parece que pueda volver a repuntar con fuerza a no ser que el entorno geopolítico empeore. Sin embargo, se mantendrá por encima del objetivo de los bancos centrales por más tiempo lo que no permitirá rebajar los tipos tanto como al mercado y a los propios banqueros centrales les gustaría.

Unos tipos altos por más tiempo han sido siempre un freno a las economías, pero no parece que en esta ocasión lo esté haciendo (de momento). Por todo ello, el riesgo para el mercado se encuentra en el dominio de unas pocas compañías que siguen capitalizando todas las ganancias y que obligan a muchos inversores a perseguir dichas rentabilidades sin ser conscientes del riesgo que eso conlleva.

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